Mi jefe me habla mal

¿puedo demandar a mi jefe por hablar a mis espaldas?

Estás cansado. Estás frustrado. Estás descontento. Estás desmotivado. La interacción con tu jefe te deja frío. Tu jefe es un matón, intrusivo, controlador, quisquilloso o mezquino. Te preguntas desesperadamente cómo puedes lidiar profesionalmente con un mal jefe.

Tu jefe te quita el mérito de tu trabajo, nunca te da un feedback positivo y falta a todas las reuniones que tenía programadas contigo. O su jefe cede inmediatamente bajo presión y no le apoya en el cumplimiento de su trabajo. Tu mal jefe nunca reconoce tu excelente rendimiento ni el de ningún otro empleado, por lo que la oficina carece de alegría y es infeliz.

Tu jefe es un mal jefe, malo hasta la médula. Tratar con un jefe poco eficaz, o simplemente con malos gestores y malos jefes es un reto al que se enfrentan demasiados empleados. Sea cual sea el carácter de tu mal jefe, estas ideas te ayudarán a lidiar con ellos.

Comience su campaña comprendiendo que su jefe puede no saber que es un mal jefe. Al igual que en el liderazgo situacional, la definición de malo depende de las necesidades del empleado, de las habilidades del jefe y de las circunstancias de la situación.

Mi jefe habla de todo el mundo

Cuando el primer mes comprobaba todo lo que hacía y me preguntaba constantemente por el estado de todo, me resultaba molesto, pero pensé que tal vez tenía que probarme a mí misma. Pero ahora llevo casi un año en este trabajo y él sigue haciéndolo: cambia pequeños detalles todo el tiempo. En las ocasiones en que cometo un error, actúa como si fuera totalmente incompetente, pero casi nunca elogia mi trabajo cuando hago algo bien.

Tengo varios años de experiencia y siento que estoy aportando mucho valor a la empresa y, en general, me gusta lo que hago y no quiero tener que buscar un nuevo trabajo, pero no sé cómo decirle que se retire.

Cuando tu jefe te habla mal

No puedes elegir a tu jefe, pero sí puedes elegir cómo reaccionar ante uno malo. Nos pasa a todos: empezamos un nuevo trabajo y descubrimos que nuestro jefe no es el ideal. Puede ser un microgestor, un visionario que carece de capacidad para hacer el trabajo, un jefe al que le gusta llevarse todo el mérito por el buen trabajo de su equipo, un mal comunicador, un incomunicador, un jefe ausente… la lista continúa.

Sin embargo, para dar un respiro a los gerentes, a menudo tienen las manos llenas con el trabajo que cruza su propio escritorio y también sienten la presión de cumplir con los números, alcanzar ciertas metas, y más. Si a estas exigencias se suma el hecho de que muchas organizaciones promocionan a las personas por razones equivocadas -ser bueno en tu trabajo desde el punto de vista táctico o técnico no significa que vayas a ser un buen gestor o líder- y a veces las organizaciones carecen de formación en materia de gestión y liderazgo.

Independientemente de la razón por la que tu jefe no sea el ideal, tienes que determinar la mejor manera de trabajar con él, especialmente si dejar tu puesto actual no es una opción (que no lo es para muchos). A continuación te ofrecemos algunos consejos sobre cómo gestionar a tu jefe, para ayudarte a evaluar tu situación y conseguir el apoyo que necesitas para ser productivo mientras mantienes tu cordura y tu salud mental.

Qué hacer cuando tu jefe habla mal de ti

Los estudios demuestran que la relación con tu jefe es uno de los factores más importantes de tu experiencia laboral. Pero, ¿qué ocurre si sospechas que no le gustas a tu jefe? En primer lugar, considere la posibilidad de que la desconexión se deba a que no tiene confianza en usted. Si tu jefe no confía en ti, es probable que pierdas oportunidades de trabajo o que sufras la microgestión. Puedes intentar rectificar la injusta valoración de tu jefe aclarando sus expectativas, aumentando su confianza en tu capacidad y aumentando su seguridad de que cumplirás. Si tu jefe confía en ti pero parece que no le gustas, deja de hablar y empieza a escuchar. Haz que tu jefe conozca el mundo a través de sus ojos y poco a poco empezarás a ver cómo se abre a ti. Si la relación con tu jefe no está donde te gustaría, no pierdas la esperanza. Cambia tu enfoque y comprueba si puedes establecer una conexión.

¿Tienes la sensación de que tu jefe y tú no congeniáis?  ¿Estás desconcertado por qué tu jefe parece interactuar sin esfuerzo con tus colegas pero luego te evita o actúa como si no estuvieras allí? ¿Le preocupa que no confíe en usted o, peor aún, que no le guste? Antes de ponerte nervioso, tómate un momento para evaluar lo que realmente está pasando e identificar lo que está causando la tensión en tu relación. Una vez que lo hagas, podrás elaborar un plan específico para mejorar las cosas.