Poder negociador de los clientes

Poder negociador de los clientes 2022

poder de negociación de los compradores en el sector minorista

El marco de las cinco fuerzas de Porter es un método de análisis del entorno operativo de la competencia de una empresa. Se basa en la economía de la organización industrial (OI) para derivar cinco fuerzas que determinan la intensidad competitiva y, por tanto, el atractivo (o la falta de él) de una industria en términos de su rentabilidad. Un sector «poco atractivo» es aquel en el que el efecto de estas cinco fuerzas reduce la rentabilidad global. La industria menos atractiva sería aquella que se aproxima a la «competencia pura», en la que los beneficios disponibles para todas las empresas se sitúan en los niveles normales de beneficio. La perspectiva de las cinco fuerzas se asocia a su creador, Michael E. Porter, de la Universidad de Harvard. Este marco se publicó por primera vez en Harvard Business Review en 1979[1].

Porter se refiere a estas fuerzas como el microentorno, para contrastarlo con el término más general de macroentorno. Consisten en aquellas fuerzas cercanas a una empresa que afectan a su capacidad para servir a sus clientes y obtener beneficios. Un cambio en cualquiera de las fuerzas normalmente requiere que una unidad de negocio reevalúe el mercado dado el cambio global de la información del sector. El atractivo global del sector no implica que todas las empresas del sector vayan a obtener la misma rentabilidad. Las empresas son capaces de aplicar sus competencias básicas, su modelo de negocio o su red para conseguir un beneficio superior a la media del sector. Un claro ejemplo de ello es el sector de las aerolíneas. Como industria, la rentabilidad es baja porque la estructura subyacente de la industria de altos costes fijos y bajos costes variables permite una enorme latitud en el precio de los viajes en avión. Las aerolíneas tienden a competir en función de los costes, lo que reduce la rentabilidad de las compañías individuales y del propio sector, ya que simplifica la decisión del cliente de comprar o no un billete. Algunas aerolíneas – Virgin Atlantic de Richard Branson[cita requerida] es una de ellas – han intentado, con un éxito limitado, utilizar fuentes de diferenciación para aumentar la rentabilidad.

cómo reducir el poder de negociación de los clientes

La esencia de la formulación de la estrategia es hacer frente a la competencia. Sin embargo, es fácil ver la competencia de forma demasiado estrecha y pesimista. Aunque a veces se oiga a los ejecutivos quejarse de lo contrario, la intensa competencia en un sector no es ni casualidad ni mala suerte.

Además, en la lucha por la cuota de mercado, la competencia no se manifiesta sólo en los otros actores. Más bien, la competencia en una industria tiene sus raíces en su economía subyacente, y existen fuerzas competitivas que van mucho más allá de los combatientes establecidos en una industria particular. Los clientes, los proveedores, los potenciales entrantes y los productos sustitutivos son todos ellos competidores que pueden ser más o menos prominentes o activos dependiendo de la industria.

El estado de la competencia en una industria depende de cinco fuerzas básicas, que se diagraman en la Exposición. La fuerza colectiva de estas fuerzas determina el potencial de beneficio final de una industria. Va de intensa en sectores como el de los neumáticos, las latas de metal y el acero, en los que ninguna empresa obtiene una rentabilidad espectacular, a suave en sectores como el de los servicios y equipos petrolíferos, el de los refrescos y el de los artículos de aseo, en los que hay margen para obtener una rentabilidad bastante elevada.

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Su organización también debe evaluar hasta qué punto sus clientes o compradores tienen poder de negociación. En una situación en la que los clientes tienen una posición fuerte, pueden ejercer una presión considerable en el mercado y exigir una mejora de la calidad y/o precios más bajos.

La medida en que los clientes pueden influir en el mercado depende de su nivel de concentración o de lo bien organizados que estén. Muchos pequeños agricultores producen frutas y hortalizas, que son contratadas para vender a sus clientes, los supermercados. El pequeño agricultor tiene que cumplir el estricto control de calidad que le imponen los supermercados o se arriesga a perder el contrato. Esto permite a los supermercados, como clientes, ejercer presión sobre estos pequeños proveedores.

Los clientes también tienen un importante poder de negociación en los mercados en los que les resulta fácil cambiar de producto sin sufrir costes de transferencia. Un buen ejemplo de ello es el mercado de los detergentes, que sin fidelidad de marca no tiene ningún impacto financiero si se cambia de producto. Este poder disminuye si el cliente tiene que dedicar más tiempo o esfuerzo a cambiar entre productos o servicios.